El deseo persistía.
Insistía de noche y de día,
alterándole la piel,
que sentía en cada poro.
Tenía para sí esa emoción.
No la compartía.
Incluso soñó con él.
Nada real lo superaría.
Su cuerpo quemaba.
Su sangre bullía.
Temblaba atravesada
por una mirada
que no le pertenecía.
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