La encontraron tendida en un charco de sangre.
Llevaba una linterna y un trozo de hilo de cobre.
—La pobre debió enredarse con el chal de lana que cayó del tendedero. Anoche el viento arrancó las pinzas de algunas prendas.
—Seguro que fue a cambiar los plomos. Nos quedamos sin luz cada dos por tres. Y en pijama. ¡Pobre!
Desde lo alto, Julián escuchaba a las vecinas. Él sabía. Lo vio todo, pero callaría. No querría implicar a la del primero, que sonámbula se cruzó con Ania, la difunta.
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