Domingo
Rechazaba los domingos. No sé desde cuando. No quería asomarme al mundo.
Una razón primera tenía que ver con el rito social de arreglarse de forma especial. No era un día como los demás.
Ir a misa se obligaba.
No podías salir de casa si no cumplías.
Esa obligación se fue relajando.
Dependiendo del entorno.
Recuerdo el pueblo. Allí parece que pasaran lista.
Actualmente estoy pactando con la vida y salgo.
Hubo otro momento, cuando trabajaba, que era el fin de ese tiempo dilatado que empezaba el viernes por la tarde, pero que muchas veces ocupaba corrigiendo lo que tenía pendiente, para no acumular.
De los festivos hay mi contradicción, por una parte bien, pero por la otra el ritmo de la ciudad no es el mismo.
A mí me gustaba recuperar la calle con actividad.
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