Texto 33

 Tras la puerta de la sala, Marina iba desmigando aquel mendrugo del pan que no había podido comer en el descanso, llevándose pequeños trozos con disimulo, mientras el autor daba razón de su nueva novela histórica.

Había estado horas preparando la sala. Colocando aquellas sillas plegables, alineadas a cada lado de un improvisado pasillo estrecho.

Estuvo montando los bocados y bebidas que se sacarían después, en el piscolabis previsto para prensa y asistentes.

La editorial le contrataba temporalmente para tales eventos.

Era la oportunidad de ganarse unos míseros euros para ir tirando.

Permaneciendo de pie, atenta para intervenir en aquello que fuera necesario suplir o reponer.

Aquella sala del hotel estaba cerrada cuando llegó temprano. Le tocó a ella ventilarla y suplir el olor a cerrado con aromas florales que lo enmascararán.

No había cenado, ni desayunado.

A duras penas había tenido para cubrir lo básico de su hija de seis años.

Cobraría después de lo que de las deducciones le quedara y le tocaría estirarlo hasta una nueva oferta de trabajo esporádico.


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