La casa
La casa tenía un jardín. No propio. Era lo que la rodeaba.
Un jardín de flores silvestres y árboles en los que anidaba pájaros de diverso plumaje.
Dije tenía, porque las llamas que la sitiaron apenas dejaron de pie aquel banco de piedra en que sentarse a carasol en invierno era restituir la sangre y los pulmones.
Después recordar la casa era mirar con el alma, porque el asfalto la atravesaba.
Allí el abuelo sentado leyendo su novela. La niña mirando y desentrañando el gusto que en él palpaba.
La casa tenía un balcón.
Tenía un par de ventanas.
Un tejado de tejas.
Un pintura amarilla que al mundo la presentaba.
Miraba al sur con descaro.
Al norte una galería y otras dos ventanas, mirando a las montañas y a esas huertas vecinas que también fueron suprimidas.
No se puede parar al rico. Siempre teje a su favor.
El que paga es el que manda.
Lo compra si negociar es peor.
Comentarios
Publicar un comentario